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Fundación CIDA celebro el Día Internacional del Libro

En 1995, la Conferencia General de la UNESCO decretó la fecha del 23 de abril como Día Internacional del Libro. ¿Por qué esta fecha? Porque en esa fecha, pero del año 1616 fallecieron Miguel de Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega. Bueno, en realidad Cervantes falleció el 22 de abril y fue enterrado el 23 cuando se consignó la fecha del fallecimiento, mientras que Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano, que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano.

El libro es uno de los inventos más importantes de la Humanidad. Las bases de las más importantes religiones, están recogidas en libros (La Biblia, el Corán, el Torá). Los fundamentos de las naciones están recopilados en los libros llamados Constituciones. El conocimiento humano está registrado en libros. Antes de los libros el conocimiento se trasmitía de padres a hijos oralmente, lo que era insuficiente y gran parte de ese conocimiento se perdía. Fueron los libros los que permitieron registrar más fehacientemente y fácilmente el conocimiento. 

En el pasado fueron comunes las quemas de libros. Históricamente famosa fue la quema de la Biblioteca de Alejandría, en su época la más grande del mundo, aunque en realidad fue quemada varias veces: por Julio César en el 48 AC, Aureliano en el 273 DC, Diocleciano en el 297 y finalmente completamente destruida por el califa Omar en el 642. En la época moderna también es célebre la quema de libros en la Alemania nazi el 10 de mayo de 1933, acto promovido por la asociación de estudiantes nacionalsocialistas y que se repitió en 21 Universidades de Alemania. Heinrich Heine, el último poeta del romanticismo, había escrito en 1820 una frase que terminó por resultar premonitoria: «Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres».

La Fundación CIDA celebro el Día Internacional del Libro con todos sus trabajadores.

En Latinoamérica, en la época moderna, también se han quemado libros. En Chile, tras el golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende en 1973, las fuerzas pinochetistas convirtieron la quema de libros en algo habitual. “Hay que quemar todo lo que huela a marxismo”, decían en los allanamientos en la Universidad de Chile, de donde se recogen numerosos testimonios. En Argentina, tras el golpe de estado de 1976, obras de Marcel Proust, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Pablo Neruda, Mario Vargas Llosa, Antoine de Saint-Exupéry y Eduardo Galeano fueron destruidas por el Ejército en Córdoba “para que con este material no se siga engañando a nuestros hijos”, según dijo el oficial Luciano Benjamín Menéndez. En Venezuela, estudiantes del Colegio Santa Teresita del Niño Jesús y de la U.E. Colegio Coromoto, unidades educativas privadas subvencionadas por el Ministerio de Educación en el estado Táchira, realizaron una destrucción de libros de la Colección Bicentenario como parte de las protestas contra el gobierno los días 28 y 29 de abril del 2002.

En Mérida, el vandalismo ha destruido el Parque de Los Escritores Merideños, privando a las futuras generaciones la posibilidad de pasear y preguntar ¿quién era ese señor, papá?

La lucha contra la barbarie es ardua ya que ésta no descansa ¡ni desaparece con los siglos! 

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